Published On: Dom, Abr 1st, 2018

Con rituales prehispánicos, el pueblo zoque vive la Semana Santa

Tuxtla Gutiérrez, Chis.- Envuelto en la cosmovisión ancestral de siglos, el pueblo zoque en Chiapas conmemora y  armoniza las tradiciones cristianas de la Semana Santa con rituales prehispánicos, como alternativa de encuentro y consumación de la renovación comunitaria.

Los días de guardar de los zoques transcurren al ritmo de la música de tambores y carrizos, el acompañamiento místico del joyonaqué ( flores naturales costuradas) y los sabores gastronómicos del nigüijutí ( carne de cerdo con masa), el pescado “baldado”, el camarón en mole y  arroz, acompañados de pinole, taxcalate y pozol ( bebidas de maíz).

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El investigador Sergio de la Cruz Vázquez cuenta que la mayordomía y  la priostería (organizadores) de templo de “El  Señor del Cerrito “, en Tuxtla Gutiérrez,  festejan  La Cuaresma con rituales y ceremonias que recrean las estampas de  La Pasión, de acuerdo con “la visión y las costumbres de los zoques mayores”.

La ermita del Señor del Cerrito, ubicada en el centro de la capital chiapaneca, alberga las ceremonias del novenario de rezos, previos al Miércoles de Ceniza, donde la imagen cristiana muda de  nombres y matices, a partir del barrio o colonia de donde provenga.

De la colonia Terán llega el “ Señor las Ampollas”;  “El Señor de la Agonía” se presenta del barrio de Guadalupe; los zoques de las colonias Cerro Hueco y El Zapotal llevan a  “ El Señor del Pozo”; “ El Señor de Acapetahua” o “Señor de los Muertos”, es trasladado  de  domicilios particulares.

De la  Cruz Vázquez  precisa que en el  Miércoles Santo, la mayordomía zoque encabeza “la subida del almuercito” al ejido  Copoya en sur de esta ciudad,  donde los mayordomos sirven el nigüijutí , pescado  baldado o capeado y el “molito” elaborado con especias de la zona.

Los priostes de la ermita del Señor de El Cerrito preparan  los “joyonaqués”( “la ofrenda ritual por excelencia”) para el trayecto a El Calvario; el jueves, la efigie cristiana es bajada de la cruz.  Se le acuesta en una camilla adornada con las llamadas  flores de mayo, ensartadas en hilos.

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Los ramilletes adornan el altar principal de “ El Cerrito”, donde los  devotos colocan “ el calvario”, una estructura de varas forradas con ramas de sauce o sabino que aderezada  con flores de mayo y “joyonaqués” de árbol de  tziqueté (espinas).

El  viernes  “de vigilia”, la gastronomía zoque ofrece sus sabores culinarios. En el banquete músicos tradicionales ambientan la atmósfera religiosa con  ritmos de tambor y carrizo que exaltan  los sones de La Pasión y recuerdan el luto cristiano.

Ese día se realiza la procesión de Jesús y la Virgen de Dolores. Al término de ésta, se degusta el pozol de cacao, o blanco.

Al final de la simbólica crucifixión, en la casa del prioste  se sirve  la comida tradicional de la Semana Santa, donde los hombres visten manta blanca, sombrero de palma y paliacate. Las mujeres se engalanan con enagüillas grises y  huipiles  bordados.

Sergio de la Cruz explica que los feligreses acuden a  “ El Cerrito”, por el “relique” (  ramo de flores del altar) para llevar a casa y preservar con la familia las evocaciones del ritual de la Semana Santa.

El Sábado de Gloria, los zoques levantan el altar conmemorativo, porque se “abre la gloria, termina el luto y comienza la festividad”  en la que se queman cohetes, tocan sones y “alabados”.

Los asistentes se reparten los collares de flor de mayo y del joyonaqué. Llevan a la casa del prioste los utensilios que sirvieron en la ceremonia zoque.

La camilla, los maderos y las piezas del  altar quedan a resguardo para cumplir la manda del año siguiente.

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